Misa de inicio como párroco
- Claudio Matías Barrio De Lázzari

- 27 may 2025
- 3 Min. de lectura
Palabras de acción de gracias en la Misa de Inicio del Ministerio de Párroco (02 de marzo de 2025)

Queridísimos hermanos todos: aún con el corazón encendido de amor por haber recibido la Eucaristía en comunión, para unir nuestra vida a la de Jesús y formar con él un solo Cuerpo entre nosotros, permítanme unas palabras que salen de lo más profundo de mi corazón.
Primero, agradecer al Señor el regalo inmerecido de la vocación sacerdotal. Soy muy feliz como sacerdote, entregando mi vida cada día por amor a Jesús y a la Iglesia.
Segundo, agradecer al Señor Arzobispo y a sus obispos auxiliares, en la persona de Mons. Alejandro, el enorme regalo que me hacen al nombrarme párroco y, además, párroco de esta hermosa comunidad de Nuestra Señora del Rosario.
Les comparto algo muy personal. El año pasado fue un año bastante complejo para mí. Por un lado, mi papá con algunos problemas de salud. Por otro lado, un desafío pastoral muy delicado que me habían pedido. Un año de movimiento interior, de inquietud.
Cuando fui a charlar con Mons. Jorge, nuestro Arzobispo, el 18 de octubre, tenía pensado decirle que me ponía a disposición en lo que él y la Iglesia en Buenos Aires necesitara: sea párroco, vicario, capellán, mozo, chofer, jardinero… Y antes de poder decírselo, cuando entra al despacho, me dice: “Padre Matías, te quería proponer algo, que fueras párroco de Nuestra Señora del Rosario”. Me quedé helado: pasé rápidamente del temor a la profunda alegría por la confianza que depositaba en mí.
Pero también por algo más, ahora van a ver. Recuerden que era un año complicado para mí. El día anterior, jueves 17 de otubre, fui al colegio que acompaño, como todas las semanas, y los chicos habían hecho un montón de carteles referidos al Mes del Rosario. Pero había uno que me dio un especial consuelo y les pedí que me lo guarden para conservarlo yo. Se los comparto: “En momentos de oscuridad, sostener el Rosario es como sostener la mano de María”. Ahora cerraba todo. Una caricia de Jesús y de la Virgen.
Tercero, agradecer a mi familia, el pequeño Nazaret. A mis papás, a mi hermana y mi cuñado, y a las sobrinas más lindas del mundo. A pesar de las dificultades, seguimos luchando juntos y compartimos esta alegría unidos.
Cuarto, agradecer a los hermanos sacerdotes. Los que están hoy y los que no pueden estar. En especial a mis compañeros de curso. Algunos sacerdotes amigos iban intuyendo y me decían: “mirá que está cerca, vas a ser párroco dentro de poco”. Agradezco formar parte de la familia sacerdotal de Buenos Aires.
Quinto, agradecer a las comunidades en la que fui gestando y desarrollando mi corazón sacerdotal, desde el seminario hasta el día de hoy. Agradecer a los amigos y hermanos que el ministerio me va regalando. En particular al Santuario Jesús Misericordioso, donde crecí tanto humana y sacerdotalmente, y al p. Juamba que me presentó a todos ustedes. Realmente siento que Jesús me encomienda a su madre: “Madre, aquí tienes a tu hijo.”
Sexto, agradecer al p. Santiago haberme recibido con cariño fraternal y haber caminado juntos este tiempo de cambios. No muchos párrocos pueden decir que al anterior lo mandaron al hospital, jaja. Rezamos por la nueva misión que la Iglesia le encomienda y por la vocación al servicio de los enfermos. De igual modo, agradecer a todos los que hacen posible la celebración de esta Santa Misa y su posterior festejo, y a los que me recibieron con tanto cariño.
A veces los cambios son un poco difíciles para las comunidades. Sin embargo, nos consuela una certeza. Los sacerdotes son como los lápices de colores con los que Dios pinta nuestra vida con su gracia. Algunas veces usamos un color y otras veces dejamos ese lápiz a un lado para que otro lo use y tomamos uno diferente, de acuerdo con la parte del dibujo que pintamos.
No olvidemos, hermanos, que más allá del nuevo párroco más alegría debe darnos la fidelidad amorosa del Señor que se acuerda de nosotros y nos concede: a ustedes un sacerdote que los acompañe, en un contexto donde pareciera haber cada vez menos; y a mí, la oportunidad privilegiada de entregar mi vida por su Esposa.
Séptimo, agradecer a todos ustedes que han querido celebrar conmigo esta Acción de Gracias en el comienzo de mi ministerio como párroco. No sé cómo será el camino que vendrá por delante: si fácil o difícil, si ancho o angosto. Pero sé que si voy caminando con ustedes y con María al encuentro de Jesús, voy a estar siempre cuidado y voy a aprender a cuidar.
Recen por mí, para que el Señor me conceda como párroco un corazón como el suyo, capaz de amar como él… hasta el extremo.



